lunes, 30 de enero de 2012

Incorporación de nuevas tecnologías y recursos diversos para una docencia universitaria de calidad
En el proceso enseñanza-aprendizaje, aparte de los actores del proceso, que son los profesores y los alumnos, intervienen una serie de factores, uno de los cuales son los recursos didácticos de la enseñanza. Estos últimos, a su vez, en su enorme variedad (en fin, todo lo que de una u otra forma impacta en el alumno, puede ser un recurso didáctico) pueden, siguiendo a Cabero (2001), clasificarse en dos grandes grupos: los unos son “como vehículos para que la instrucción sea codificada y transmitida a los estudiantes”, y los otros son “como elemento envolvente de la realidad educativa, que nos lleva a contemplar el entorno donde se desenvuelve el estudiante como un instrumento de aprendizaje”. (p.290)
Según Segura (2000), la informática y la educación son dos mundos condenados a entenderse, aunque entre ellos se encuentra una controversia importante, de aun lado, lo educativo es un campo propicio para la integración y uso del a informática como medio gestor de otros medios, facilitador, mediador instructor, pero de otro, aún perviven en los centros educativos viejas estructuras que dificultan dicho proceso y antiguas actitudes de recelo y distancia hacia este medio. Sancho (1994;1996) afirma en este sentido que existe un importante discurso sobre la presencia y utilización de la informática en la sociedad actual y sobre sus aportaciones a la educación, que contrastan grandemente con la insignificante presencia en el sistema educativo y, sobre todo, en su integración curricular y en las relaciones informática-alumnado.
Según Zabalza (2003), en un mundo tecnológico como el actual, el empleo de las nuevas tecnologías constituye un plus de valor en la docencia universitaria.
La importancia de esta dimensión para una educación de calidad variará de unas carreras a otras y de unas disciplinas a otras; su sentido se verá afectado también por las circunstancias de edad, experiencia, actitudes, etc. del profesorado encargado de cada materia.
De todas maneras, la incorporación de las nuevas tecnologías a la enseñanza universitaria no se puede plantear sin condiciones. Se ha repetido reiteradas veces y desde diferentes perspectivas que dicha incorporación debe esta supeditada a la orientación formativa de la institución universitaria. Condiciones necesarias son, entre otras, que se trate de un equipamiento relativamente actualizado y pertinente para el tipo de tareas formativas que se pretende trabajar con él y que esté integrado en el currículum formativo de los estudiantes de manera que puedan sacarles el máximo partido.
Es difícil suponer que los estudiantes puedan dominar los diversos recursos disponibles sin que nadie les haya preparado para ello. Nosotros solemos actuar en la Universidad bajo el supuesto implícito de que la alfabetización tecnológica ya se ha producido en momentos escolares anteriores y que de no ser así, los propios estudiantes la llevarán a cabo por su cuenta. Pero ese planteamiento es poco realista y, además, hace depender la formación de los recursos personales y familiares de cada estudiante.
Parecería más oportuno, caso de que esto fuera preciso, organizar el propio currículum universitario de forma que gradualmente se garantizara a todos los estudiantes estar en posesión de los conocimientos y habilidades básicas requeridas para rentabilizar, en su propia formación, el uso de las nuevas tecnologías; para ello habría que ofrecerles oportunidades para que los que no lo hayan hecho antes fueran adquiriendo las competencias que se consideren precisas.
Conviene que las nuevas tecnologías no queden relegadas a un espacio exclusivo donde serán trabajadas aisladamente, sino que diversas disciplinas de la carrera las incorporen como elemento habitual de trabajo (P.193).
Las nuevas tecnologías deben suponer un avance real en el enriquecimiento y actualización de los procedimientos de enseñanza y aprendizaje en las diversas materias de la carrera; una superación de los métodos meramente expositivos, al estilo de la lección magistral; también deben facilitar un estilo de aprendizaje más horizontal donde profesores y alumnos construyan conjuntamente nuevas oportunidades de aprendizaje, que sirvan para ampliar su espectro de experiencias de aprendizaje.
La incorporación de las nuevas tecnologías a la didáctica universitaria sitúa a los docentes ante el enorme desafío de las nuevas modalidades de aprendizaje: la introducción de procesos de simulación en aquellos contextos en los que resulten apropiados, el establecimiento de dispositivos de búsqueda y de transferencia e intercambio de informaciones entre instituciones o grupos. Todo ello para enriquecer los canales de intercomunicación permitiendo un aprendizaje más autónomo y democrático (P.194).


Bibliografía
Salinas J., Duarte A., Domingo J. y Cabero J. (2001). Nuevas tecnologías aplicadas a la educación. Editorial Síntesis. Madrid. P.290.
Zabalza, M. (2003). Competencias docentes del profesorado universitario calidad y desarrollo profesional. Ediciones Narcea, S.A. España. P.193-194.
                                                                                                                                   
         

lunes, 23 de enero de 2012

Análisis del Artículo un Genuino Estilo de Liderazgo Educativo: ¿Una Realidad o una Ficción Institucional?

Ser docente en la universidad se refiere tanto a su ambiente laboral como extralaboral sabiendo que se influyen recíprocamente; el trabajo universitario se considera como una red compleja de expectativas, tareas y comunicaciones. El hecho de ser profesor forma parte de esta red y como la educación es un proceso continuo tanto para el educando como para el profesional en la educación, el desarrollo de las Instituciones Educativas contemporáneas se basa en la filosofía del cambio y se apoya en tres pilares fundamentales que son: el desarrollo de directivos, el trabajo en equipos y el liderazgo pedagógico.

El liderazgo se define como el proceso de influencia entre líderes y seguidores para lograr objetivos organizacionales por medio del cambio, por lo que el liderazgo educacional debe propiciar el desarrollo de todos sus estudiantes mediante el cambio en las personas. El líder pedagógico dirige el proceso más por su arrastre que por su empuje; por inspirar más que por mandar; por crear expectativas posibles y recompensar el progreso hacia ellos, más que por manipular; por formar integralmente a los estudiantes para que usen su propia iniciativa y experiencias, más que por ignorar o constreñir las experiencias e iniciativas de éstos. La esencia del liderazgo pedagógico está orientada en aumentar la influencia educativa sobre los estudiantes por encima del nivel de obediencia mecánica a las órdenes rutinarias venidas de la institución educativa.

Ante esta realidad y compromisos del quehacer docente debemos detenernos a reflexionar sobre nuestra práctica profesional como profesores universitarios, y la pregunta es ¿qué estilo de liderazgo es el adecuado y cuáles rasgos de los líderes efectivos tenemos?

Entiendo que la teoría de liderazgo por contingencia que intenta explicar el estilo adecuado con base en el líder, los seguidores y la situación, es la que mejor encaja en el quehacer docente, debido a la diversidad de situaciones y a la pluralidad de los actores del proceso de enseñanza y aprendizaje.

Los rasgos de líderes efectivos que tienes que tener de los docentes universitarios son: dominio, gran energía, locus de control interno, integridad, flexibilidad, sensibilidad hacia los demás, inteligencia, estabilidad y confianza personal. De acuerdo a este análisis los docentes universitarios deben ser líderes efectivos y consientes del estilo de liderazgo que deben utilizar en cada situación del día a día y solo así podremos lograr los cambios que la sociedad necesita para desarrollarse de manera sostenida en el tiempo.